Por Karen Valdez*
Recuerdo el sonido de tu risa, sin prisa te disponías a abrir la boca y dejar salir ese sonido tan peculiar y contagioso, escuche ese sonido muchas veces, afortunadamente.
La primera vez que vi Norma Banda fue en un auditorio, la invitaron a dar una conferencia sobre la importancia de la salud mental de las mujeres, estaba emocionada porque sabía de su experiencia y las personas a mi alrededor que habían tenido el privilegio de escucharla, me la recomendaban demasiado.
Tomamos asiento y llegó, la vi entrar ahí, caminando con un vestido negro largo y unos aretes grandes, sus manos con anillos y unas alpargatas, con esa personalidad imponente que la caracteriza. Fue una plática elocuente, clara, llena de datos interesantes, llena de experiencia. Recuerdo que pensé, “sería increíble trabajar con esa mujer”, tiempo después, llegó a mis manos un manual de atención a mujeres que viven violencia familiar, ella es la autora, sigue siendo una de las guías mas importantes en mi práctica clínica.
La siguiente vez que la vi, fue en el cumpleaños de Daniel, entre a la sala y ella bailaba sola, cerraba de repente los ojos, sentía la música y se dejaba llevar, era muy gratificante observar su movimiento, esa es Norma, amante de la música, de una buena fiesta, de estar con las personas que ama y disfrutarlo.
Tuve la oportunidad de entrar a APIS a trabajar poco tiempo después, ser Apisiana, ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en mi vida profesional, Norma, Tania, Rebeca, Mayra, Daniel e Iker, fueron una familia para mi. Aprendí de todxs, mucho, íbamos a comer a un pequeño lugar cerca de la oficina, esa es otra cosa, ¡cómo disfruta comer! Y era bien bonito escucharla platicar de su vida, sus hallazgos, reír de cosas cotidianas, chulearnos las ropas y demás. Mas adelante, viaje con ella y trabajamos más cercanas, era un deleite verla frente a grupo, escuchar sus intervenciones, acompañar a las mujeres y después la interacción en pareja, sus anécdotas de vida profesional, la lucha que ha tomado en sus manos para mejorar la calidad de vida de las mujeres.
No logró elegir una anécdota que le haga justicia, siempre fue un placer verla trabajar, en individual y en lo colectivo, escuchar y ver lo amorosa que era con su familia, reflexionar sobre situaciones personales o al preguntarle su punto de vista sobre una situación que me afectara. Norma mi querida Norma, creo que siempre ha sido una mujer que ha hecho lo que ha querido al costo que este le represente, ha aprendido a vivir con ello y a disfrutarlo.
¡Honro su vida y la lucha que libra hoy!
¡Larga vida a la mariposa!
*Karen Valdez trabajó 5 años al lado de Norma en APIS.


