Por Paulina Moreno
No pude ir al funeral, querida Norma, estaba en crisis en mi casa. Me daba mucha pena llegar destruída a despedirme de ti y aunque muchas veces me viste así, ese día no tuve la fuerza para levantarme, me dan miedo los funerales. Quizás son las despedidas también las que me dan miedo, porque mira, me ha tomado un año desde que nos vimos la última vez poder decir adiós.
Recuerdo llegar a tu casa, que estaba llena de plantas y libros, luego pasar a tu consultorio que era muy acogedor, tu cabello ondulado suelto sobre tus hombros, tu mirada llena de sabiduría cuando bajabas un poquito tus lentes para puntuar algo. Todas las veces me despediste de tu espacio con un abrazo fuerte y sincero. Qué decir de tus palabras, fueron las que yo necesitaba, todas las veces. Cuando comenzó la pandemia y nos empezamos a ver a distancia, yo te seguí sintiendo cerca, eras muy generosa conmigo, me contestabas cosas bien chidas cuando te escribía mensajes a la mitad de la semana, me llegaste a recomendar canciones, leíste el cuadernillo que escribí, leías los artículos que te mandaba cuando te decía que estaba en duda de si eso era lo que me estaba pasando.
En ti encontré una relación terapéutica que escapa a toda teoría, hablábamos alguna vez de lo que significaba el psicoanálisis en nuestras vidas, te conté por qué dejé la maestría y lo entendiste, me invitaste a marchar contigo el 8 de marzo y no te pude encontrar entre tantas mujeres que fuimos aquella vez, hablábamos de autoras y chismeamos del debate sobre la prostitución entre académicas que no invitaron a ningunx trabajadorx sexual, hablamos muchísimo del amor, de las parejas, del dolor, de ser mujeres que nos relacionamos con otras mujeres. Me acompañaste a sanarme de las violencias de mi ex pareja y de paso a comprender mi pasado, contigo entendí tanto sobre mí. Fuiste mi guía, mi consejera, mi escucha y mi mentora, aprendí muchísimo de nuestro encuentro, te admiro profundamente y te extraño todos los días pero especialmente ahora.
Recibí un mensaje que me gusta pensar que viene de ti, casualmente conocí una mujer muy alegre en el vapor del gym, me dijo que es psicoanalista y le dije que estaba buscando con quién analizarme porque había tenido un accidente muy fuerte que me lesionó la mano y aunque mi cuerpo se recuperó, emocionalmente necesitaba hacer sentido de las cicatrices, también le dije necesitaba hablar sobre ti. Con una frase me movió la tierra “se te está jugando la pérdida de Norma en el cuerpo porque ahora ¿quién te da la mano?”. Hábilmente lo dijo mientras se ponía sus chanclas y abandonaba furtivamente el espacio, “nos vemos luego”. Me empecé a sofocar en el acto.
No es el único acto en el que me he sofocado últimamente, siento que algo se mueve y estoy cambiando. Me estoy dando la mano con muchas personas para continuar porque tu pérdida ha sido muy fuerte, la verdad, agradezco muchísimo que tengo varias amigas que te conocieron con las que te puedo recordar, agradezco mucho también poder seguir sabiendo de tu paso en la vida de otras porque de repente llegan a mi consulta mujeres que trabajaron contigo también. Ocupas un espacio en mi corazón bien grande, donde seguramente van a florecer muchas cosas bellas y alegres, recuerdo tu risa como Karen y me cobijo en tu recuerdo como mi amiga Tania C. Gracias inmensas porque tu me diste la fuerza de reconectarme con la vida, me ayudaste a sostenerme y me acompañaste a redescubrir quién soy y por qué elegí como camino de vida acompañar a otras mujeres. Te voy a querer siempre.



